Ambulantaje
en la Unison, tema para reflexionar
Primeramente doy un breve agradecimiento a mi mentora por estimular las inquietudes que me trajeron a estas páginas, asà como al periódico por la oportunidad. En dÃas pasados se dio a conocer la noticia sobre la expulsión de los comercios ambulantes de las instalaciones de la Universidad de Sonora. Dicha decisión, tomada por el rector de esta casa de estudios, Pedro Ortega Romero, se debió a dos motivos principales: La insalubridad en los alimentos expendidos y el daño hacia la imagen urbana dentro del campus universitario. Dejando únicamente los puestos que forman parte de la Universidad (por concesión), asà como el Comedor Universitario. El dÃa lunes, iniciando las actividades de reinscripción, se hizo notar tal decisión. Como alumna de algunos años conozco la ubicación de la mayorÃa de estos establecimientos, y efectivamente ninguno de ellos (a excepción de los concesionados) se encontraba en su lugar habitual y cuál fue mi sorpresa que incluso la máquina que expende café habÃa desaparecido de su sitio. La alternativa se convierte en un acto resignado por buscar un puesto concesionado a 100 metros y degustar un café tal vez no como el esperado. Puedo llegar a comprender la decisión del señor rector, si realmente son estos dos temas los que le inquietan; es importante un control de higiene en los alimentos que consumimos los estudiantes, también es imprescindible el tema de la imagen urbana en nuestro micro-ambiente estudiantil. Cuestiono el hecho de retirar puestos en los que sólo se venden productos empaquetados, asà como la desaparición de máquinas que expenden bebidas, teniendo como realidad que estos ejemplos no atentan contra nuestra salud y nos ofrecen mejores precios. También me mortifica ese empeño por crearnos el hábito de alimentarnos en el Comedor Universitario, siendo que éste para ser realistas, es frecuentado por un bajo porcentaje del alumnado, debido a su lejana ubicación respecto a algunas carreras y al hecho de que el cambio de concesiones hacen de su menú un juego de catafixias. A pesar de todo esto, supongo un pronto acuerdo entre la administración y los vendedores; nuevas reglas, restricciones, control de higiene, etcétera. Aún asà considerarÃa lamentable que pasaran por alto el problema de imagen urbana que aqueja a nuestro campus. Debemos abordar esta problemática realmente y estar conscientes de que no sólo el ambulantaje sino las casetas concesionadas por una marca refresquera han deteriorado dicha imagen y la han vuelto cada vez más heterogénea. El hecho de que estos puestos estén pintados de un mismo color no significa que estén en armonÃa, ni mucho menos integrados a su contexto. DeberÃamos aprovechar este “borrón y cuenta nueva†para hacer una verdadera reflexión y planeación de los comercios actuales y los que puedan venir, un reordenamiento de estas áreas y una verdadera integración al ambiente estudiantil. Tal vez no se cuente con un departamento de imagen urbana, pero para eso la Universidad está creando arquitectos, serÃa muy maduro voltearlos a ver, ellos y todo el alumnado tenemos mucho que aportar. Estoy consciente de que el tema es mucho más complejo, y que intervienen otras circunstancias y personajes. Esperaremos a que este caso vaya tomando rumbo, que tomen en cuenta la voz del estudiante y que esta toma de decisiones sea por el bien de la Universidad. Aurora GarcÃa es estudiante del décimo semestre de Arquitectura en la Universidad de Sonora
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