Sentenciados: Se topan jovencitas con un explotador

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Sentenciados: Se topan jovencitas con un explotador

Sentenciados: Se topan jovencitas con un explotador
Ilustración: Abraham René Rivas
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HERMOSILLO, Sonora(GH)
Conseguir mil pesos a cambio de nada fue un golpe de suerte que no se repetiría para las jovencitas Carmen y Carla, de 15 y 16 años de edad, respectivamente.

Sin una figura de autoridad en sus casas que pusiera límites, las dos amigas habían decidido que la mejor forma para ganar dinero y divertirse era simplemente pedirlo, aunque ello significara exponerse al desfile de hombres que transitaban por las calles del Centro de la ciudad en busca de "algo más".



Lo que para ellas había sido una aventura que terminó con una tremenda fiesta en el cuarto de un hotel, en realidad había sido un primer acercamiento a un mundo oscuro que no se podían imaginar, pero Carmen y Carla, a su edad, no lo veían así.

Paradas en la calle Guerrero del Centro y pidiendo dinero para completarse para el camión, llegaron a juntar hasta 700 pesos en un solo día.

Los conductores que se paraban frente a ellas para cuestionarles si estaban “trabajando” ofrecían de 300 a 400 pesos por el servicio, cantidad que ya les parecía poco, ellas querían otro generoso hombre como el de la primera vez.

Entonces llegó una oferta inesperada. El 10 de junio del 2016, cuando estaban en las mismas calles, llegó un señor de aproximadamente 50 años, quien, al igual que otros, les preguntó si estaban "trabajando".

Cuando le dijeron que sí, esta persona les dijo: "Pues vénganse para acá, no se pongan ahí porque va a pasar el del carro blanco, es un inspector y las va a levantar".

Por un momento se asustaron y se retiraron del sitio, pero el hombre, que luego sabrían que se llamaba Celerino, les insistió en que estarían en un lugar seguro, un taller que él tenía cerca, y donde "podrían trabajar sin que nadie las molestara".

Presionadas y asustadas, las adolescentes aceptaron la invitación y en el camino Celerino les explicó que en el lugar tendrían cuartos refrigerados y una computadora que podían usar cuando quisieran.

Era a tres cuadras del sitio y sí, así como les habían dicho, observaron la oficina en la entrada y al final, en un pasillo, dos cuartos con refrigeración y un servibar.

Celerino les puso las reglas: Tendrían que pagarle a él 150 pesos por cada "cliente", además, si era fuera del establecimiento la cuota se incrementaba a 200 pesos. Les explicó que al lugar llegaban muchos clientes, por lo que no era necesario que deambularan por la calle.

Carmen y Carla se dieron cuenta de la presencia de otras menores que también eran tratadas como mercancía.

Comprobaron lo que les dijo Celerino en el sentido de que los hombres llegaban solos; incluso, les tocó formar parte de un grupo de mujeres que fue presentado a un "cliente" para que seleccionara "a la mejor".

A partir de este momento, Celerino manejó sus vidas y ellas se hicieron a la idea de que era normal pasar los días con varones y cobrando por tener relaciones.

En casa de Carmen descubrieron que frecuentaba ese lugar, del cual ya sabían los antecedentes, por lo que su hermana llegó a encerrarla en un cuarto para evitar que siguiera yendo. La propia Carmen se daba cuenta de que lo que estaba haciendo no estaba bien, por lo que en varias ocasiones trató de alejarse de esa actividad.

Para Carla el problema fue mayor, pues Carmen comenzó a ubicarla como novia de Celerino, por lo que las amigas tuvieron serias diferencias.

VIDAS PARALELAS

Carmen y Carla no eran las únicas menores explotadas o manipuladas por Celerino.

Perla y Rosa, de 15 y 16 años de edad, formaron parte del grupo de menores que eran explotadas por el hombre que manejaba la casa, donde varias mujeres se prostituían.

Ambas fueron al negocio para trabajar en la limpieza, pero fueron "enganchadas" por el acusado ofreciéndoles ganar mucho dinero en otra actividad.

Eran cuñadas y se dieron cuenta de que algo no estaba bien en el establecimiento, pero participaron en los encuentros, inclusive, una de ellas fue ultrajada por Celerino cuando tenía tres meses de embarazo.

Antes de involucrarse en la red de Celerino, Rosa trabajaba en la venta de dulces en el mismo Centro de la ciudad. En su casa ya sabían a qué se dedicaba, pues su padre la había encontrado en el sitio, situación que provocó una discusión entre ellos.

Metida en problemas con drogas, Perla conoció a su pareja, quien la ayudó a salir del vicio, pero también la hizo involucrarse con él, por lo que resultó embarazada a muy temprana edad.

La mamá de Perla, Romelia, laboraba en un negocio cercano y observaba mucha gente en el taller de Celerino, pero le decían que leía las cartas y pensaba que era por eso.

Se le ocurrió pedir trabajo en el lugar para hacer la limpieza y se sorprendió cuando observó a su hija dentro del mismo, por lo que en varias ocasiones le prohibió regresar al lugar.

Supo que Perla estaba de novia y que estaba embarazada, por lo que pensó que las cosas tomarían otro rumbo, pero no fue así. Después conocería que trabajaba junto con otras menores en el sitio.

EL DESENLACE

Tras recibir su paga, Carmen y Carla le pidieron más dinero a Celerino para rentar una habitación de hotel; ya no querían regresar a sus casas.

Recibieron el dinero, pero Celerino les cobró el favor, pues prácticamente las obligó a tener intimidad.

A pesar de ello continuaron con la misma dinámica de frecuentar el negocio, obtener dinero de sus clientes para luego gastarlo y terminaban regresando al lugar.

Un día tuvieron diferencias con otras menores, Perla y Rosa, y decidieron mejor salir a la calle.

Al vagar por las calles con unos amigos, Carmen y Carla fueron interceptadas por personal del DIF y trasladadas a un albergue, donde explicaron lo que les había sucedido en los últimos días: La red de prostitución de Celerino tenía las horas contadas.

Personal de Inspección y Vigilancia realizó un operativo en el taller que servía de fachada para la casa de citas y, aunque el dueño no se encontraba en ese momento, fue capturado al volver de realizar unas compras mientras era acompañado por una de las menores.

Celerino fue llevado a juicio y ahora paga una pena de 34 años de prisión por corrupción de menores en número de cuatro.

A las cuatro adolescentes se les dio seguimiento con exámenes y tratamiento sicológico junto a sus familias, para ayudarlas a superar la amarga experiencia.

La averiguación

• De acuerdo con la autoridad los hechos ocurrieron entre el 10 y el 16 de junio de 2016.

4 Fueron las víctimas del delito, todas menores de edad.

Acusación:
Facilitó, propició, indujo, fomentó y promovió la corrupción de menores.

Aplicación de la ley:
Corrupción de menores en curso real en número de cuatro, previstos en varios artículos del Código Penal para el Estado de Sonora y del Código Nacional de Procedimientos Penales.

Sentencia:
34 años de prisión.

Multa:
55 mil 656.48 pesos por cada una de las víctimas, sumando en total 222 mil 625.92 pesos.
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