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El Sol y el calor son aliados de Floricelda

El Sol y el calor son aliados de Floricelda

El Sol y el calor son aliados de Floricelda
Floricelda se sostiene de la venta de raspados en el Centro de la ciudad.
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HERMOSILLO, Sonora(GH)
Floricelda camina por las calles del Centro de la ciudad, buscando guarecerse del Sol cuanto antes; va apresurada, empujando su carrito de raspados hasta encontrar el toldo de algún negocio que pueda prestarle un poco de sombra.

El calor que hace a diario en Hermosillo no es un impedimento para trabajar, al contrario, es una oportunidad de vender más rápido el hielo fino y de sabores: “Ahora sí que por la necesidad, andamos aquí”, dice.

“Traigo manga larga para no quemarme, sombrero, ando buscado la sombrita”, cuenta Floricelda Monzón Morales, una mujer originaria de Berriozábal, Chiapas, que se mudó a la capital sonorense hace unos 19 años para buscar mejores oportunidades para ella y su familia.

La gente se amontona de vez en cuando alrededor de Floricelda y el carrito refrigerado, piden uno, dos, tres raspaditos de mango con chamoy o de tamarindo; ella, tímida todavía, de cuando en cuando comenta lo que algunas personas le han dicho: “Usted no es de aquí, ¿verdad?

“¿No? Con razón, la gente de aquí no trabajaría en esto”, le dicen. Ni ella ni su marido –quien se dedica al mismo oficio – se avergüenzan: “es un trabajo honrado”, asegura, “andamos buscando cómo salir adelante, mi esposo está enfermo, yo también, y tenemos hijos en la escuela, tenemos que trabajar”.

Floricelda se queja de un dolor que le baja de la columna hasta los tobillos, por eso carga una cubeta para sentarse al lado de su carrito cuando no tiene ventas; su esposo también sufre mientras trabaja, tiene una hernia.

La enfermedad la sobrellevan como pueden, sin embargo, tienen otro par de problemas más: Los gerentes de los establecimientos grandes del Centro que se molestan si se paran a vender en sus inmediaciones, el otro, los agentes de Inspección y Vigilancia que los retiran.

Así van sorteando obstáculos y trabajando mientras pasa el tiempo: “El año pasado trabajamos tres meses, ahora empezamos desde marzo”. Este año, Floricelda y su esposo trabajarán unos meses más, mientras dure el calor y el cuerpo aguante.

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