Carlos le ganó al cáncer de niño; hoy ayudará a otros como cirujano

Carlos le ganó al cáncer de niño; hoy ayudará a otros como cirujano

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Carlos le ganó al cáncer de niño; hoy ayudará a otros como cirujano

Carlos le ganó al cáncer de niño; hoy ayudará a otros como cirujano
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HERMOSILLO,Sonora(GH)
Haber pasado su niñez en un hospital llevó a Carlos Esteban a estudiar Medicina; aunque desde pequeño supo cuál sería su vocación, la situación en la que creció lo ayudó a reafirmar qué era lo que realmente quería hacer con su vida.

Carlos Esteban Montaño Soqui nació el 12 de diciembre de 1993, en Hermosillo. Cuando tenía 5 años de edad, fue diagnosticado con leucemia linfoblástica aguda, gracias al "ojo clínico" de un pediatra que notó "algo" en su tez.

"No recuerdo exactamente cuánto tiempo pasó hasta que me dijeron que tenía leucemia, mis papás no hallaban cómo decirme, de todas maneras en el momento que me dijeron yo no entendía, ni siquiera estaba familiarizado, entonces eran palabras totalmente nuevas para mí", describió.

Dentro de su enfermedad y todo el proceso por el que pasó, el ambiente de los hospitales le fue gustando conforme pasaba el tiempo, relató el joven de 24 años, por lo que decidió que su profesión sería ser médico, especialista en cirugía general.

"Me gustaba lo que hacían, cómo se dirigían a las personas, lo que sabían, cómo puedes trabajar con una persona como tal, pero igual ser humano, no verlo como un objeto; un factor que sí considero que influyó mucho en mi decisión de tomar esta carrera, fue el haber pasado mi niñez en un hospital.

NO TRABAJARÍA CON NIÑOS

Carlos Montaño, quien está en la etapa de Servicio Social de la carrera, en la Universidad de Sonora, recordó que al llegar la etapa donde tenía que decidir qué hacer con su vida, no se veía haciendo otra cosa distinta, sólo ser médico.

"Jamás me gustó pediatría, ni medicar a los niños, ni nada de cáncer, no tanto porque lo haya padecido, sino porque nomás no me gustó; pero siento que también el ámbito de trabajar con niños es muy fuerte, algo que no me considero capaz, quiero estudiar cirugía general, pero creo que con niños no", expresó.

Cuando recién empezó su enfermedad, dijo, odiaba a las enfermeras y no podía ver al doctor Benjamín Arroyo, a quien agradece haber sido paciente con él y tratarlo hasta su curación total.

"Al doctor Arroyo al principio no lo quería ni ver, no me caía bien, entraba al cuarto y yo no lo veía, me volteaba a ver la pared o la tele, porque de alguna forma sientes que lo está haciendo él o las enfermeras, que a ti te duele porque ellos son los culpables y no es así.

"Creo que en mi subconsciente no quiero que me vean como el malo, pero exactamente, como una respuesta de (por qué) no quiero estudiar algo relacionado con los niños, no sé", añadió.

HACE 19 AÑOS

En 1999 un médico pediatra miró el semblante de Carlos Esteban, en una consulta que era para su hermanita recién nacida, platicó; aunque siempre había sido de piel muy blanca, el doctor vio algo extraño y pidió hacerle estudios.

"Dijo que me quería revisar, entonces al hacer los estudios se dieron cuenta de que no estaba bien, ese mismo día fui al hospital, me sacaron sangre, laboratorios, etcétera. Siempre comparo o veo (la etapa) como un punto intermedio, puedo ver la leucemia, tanto en otras personas como en mi vivencia propia", destacó.

MADURÓ MÁS RÁPIDO

Luchar contra el cáncer fue algo que lo hizo madurar más rápido, pues a los 5 años tuvo que entender la gravedad de su situación, contó, además de que también le dio la fuerza para dedicarse a la profesión que hoy desarrolla.

En cuanto al proceso de tratamiento, indicó que recuerda que era muy difícil estar dispuesto a recibir mi quimioterapia, a que le sacaran sangre para hacer estudios de laboratorio, que lo inyectaran o le pusieran el puro suero.

"Fue una terapia muy dolorosa para mí, no estás preparado, sabes que ahí viene el doctor, la enfermera y aún así no estás preparado; creo que en un momento sí llegó a ser un poquito deprimente.

"Porque me veía todos los días conectado a los sueros, a diferentes botellas que eran medicamento, multivitamínicos, fue también mi tratamiento un poco tardado, se me hacía eterno, lo que quería como niño era ir a la escuela, jugar, hubo días que no podía ir por estar en vigilancia", narró.

El perder el cabello marcó la vida del pequeño de 5 años, que se comparaba con sus compañeros y se veía diferente a ellos: Tenían cabello, estaban arreglados, sin ojeras, sin palidez ni cansancio.

"Jamás me gustó no tener cabello, era algo que como niño puede decirse que qué ridículo, no tiene nada de importancia, pero para mí era algo muy diferente a los demás, sobre todo viendo a mis compañeritos de mi misma edad", agregó.

No recuerda cuándo fue que recibió la noticia de que sería dado de alta por completo, pero la sensación no la olvida."El día que te dicen que ya no vas a ir, que estás fuera de peligro, puedo compararlo con el mismo día que tienes la enfermedad", expresó, "porque es un estado de shock, pero esta vez de felicidad, no te la crees, pero al mismo tiempo es un descanso total".

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