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Realiza Isinbayeva ritual casi obsesivo entre salto y salto


La atleta rusa, de 26 años, que en su carrera ha acumulado ya 24 récords mundiales de pértiga, parece una laboriosa ave preparando con mimo el nido de sus retoños.

BEIJING, China(EFE)

Nada más terminar su intento, Elena Isinbayeva se oculta debajo de un edredón blanco en un paso más del ritual casi litúrgico que ejecuta entre salto y salto.

La observación del trajín de la flamante campeona olímpica de Beijing 2008, con récord mundial incluido (5.05), en el estadio de "El Nido" permite adivinar el ritual casi obsesivo de Isinbáyeva entre salto y salto.

La atleta rusa, de 26 años, que en su carrera ha acumulado ya 24 récords mundiales de pértiga, parece una laboriosa ave preparando con mimo el nido de sus retoños.

Ganadora desde el Mundial en pista cubierta de Budapest 2004, su primer título, de toda competición a la que ha acudido, Isinbáyeva ilustra con sus ritos las manías de los campeones, que se saben observados por millones de aficionados.

Cuando se queda sola en el estadio para superar sus retos, Isinbáyeva, que acumula más de un millón de euros por los récord mundiales que ha batido, es todo un espectáculo en los 5 minutos de que, una vez que se queda sola en competición, dispone entre salto y salto.

La siguiente sería la secuencia de lo ocurrido ayer, lunes, en el deslumbrante escenario de "El Nido" a partir del momento en que superó los 4,95 en el tercer intento y, ya en solitario, pidió que el listón se colocara en 5.05, un centímetro más del registro que alcanzó el 29 de julio en Montecarlo.

-Abandona la colchoneta, posa para los fotógrafos, se oculta bajo el edredón blanco, se remueve, sale una mano que agarra una toalla, asoman las zapatillas por debajo de la tela, sale, bebe agua, se seca con la toalla.

-Se dirige al lugar donde tiene depositada la garrocha de 4.55 metros de longitud. Ella mide 1.74 metros y pesa 64 kilos. Se airea con una toalla, se ajusta la coleta, agarra la pértiga, la acaricia, se estira los dedos, se ajusta la coleta, hace carrerillas hacia la zona del salto, embadurna la pértiga de una sustancia resinosa, se echa en las manos polvo de magnesio, corre hacia el listón, supera los 4.95 metros y sonríe mientras desciende hacia la colchoneta. Se levanta como una diosa, mira a los fotógrafos, se deja acariciar por los flashes, sonríe.

-Vuelve al edredón. Estira los brazos, da saltitos, se oculta. Sale, pide que el listón se coloque en 5.05 entre los gritos de entusiasmo de los espectadores. Sonríe ante los ánimos. Se coloca. Pide aplausos, el público responde encantado, acaricia la pértiga una y otra vez, la empapa de resina, murmura una letanía, eleva la pértiga, la mira y corre. Falla. Se ríe mientras desciende. Sale de la colchoneta meneando la cabeza. Acude a consultar con su entrenador, Vitaly Petrov. Se desata la coleta, se la vuelve a atar.

-Se sienta en cuclillas, se pone la goma en el pelo con varias vueltas. Se oculta bajo el edredón, se seca con la toalla, se inmoviliza para concentrarse, aislada del mundo exterior, agota los minutos, crece la expectación. Se alza cubierta con el manto blanco, se seca con la toalla, las ganadoras de plata (la estadounidense Jennifer Stuczynski) y bronce (la rusa Svetlana Feofanova) esperan el desenlace, deja el edredón, una carrerilla, estiramientos, limpieza de dedos, agarra la pértiga, se frota los dedos, se coloca la garrocha entre las piernas, añade resina, enjabona la pértiga, pide aplausos, murmura su letanía, toca y retoca el palo de fibra de carbono, murmura, se ríe, sigue cuchicheando, eleva la pértiga, la mira, corre. Salta y falla. En el suelo, se echa las manos a la cabeza como si pareciera que abandona. Consulta con Petrov. Se quita las horquillas, se las pone de nuevo, deja la pértiga.

-Se oculta en el edredón, totalmente tapada, medita, se dobla, asoman sus zapatillas de clavos, se observa a Petrov firmar autógrafos en las entradas, sale, la toalla, la carrerita, otra vez la limpieza de la garrocha, es su tercer y último intento, murmura su letanía, pide aplausos, la tensión en el ambiente se eleva al máximo en la noche pequinesa, eleva la pértiga, la mira con los ojos abiertos como platos, corre, salta, ¡récord del mundo!. Delirio en el estadio. Grita, se arrodilla, salta, se aplaude, corre con los brazos en alto, recibe una bandera rusa, grita, mira a las cámaras, da la vuelta al estadio arrojando besos, se detiene, vuelve a las carrerillas, las otras medallistas detrás, a un cierta distancia, las fotos de rodillas en el panel que registra su hazaña ("New World Récord, Elena Ysinbaeva, 5,05 M.), firma autógrafos con la mano izquierda en las camisetas de los auxiliares técnicos, se dirige en ruso a la cámara de televisión, una avalancha de peticionarios de firmas cae sobre Petrov, su pupila se quita las zapatillas, se envuelve en la bandera.

Isinbayeva abandona el escenario de su nuevo éxito.

El estadio se vacía. El rito ha terminado.

Nota Publicada: 19/08/2008 06:53

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