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El lado oscuro de la tecnología móvil

El lado oscuro de la tecnología móvil

El lado oscuro de la tecnología móvil
El lado oscuro de la tecnología móvil
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(Tomada de la Red)
¿Te imaginas un mundo sin móviles? Quizá ahora estés pensando en todas las acciones cotidianas que resuelves con tu teléfono. Pero hay más.

En algunos países, son una ventana –la única– a la libertad; así, fueron el soporte esencial de las llamadas revoluciones del mundo árabe.

Ese aparato que miramos unas 150 veces al día, del que se venden diecisiete unidades por segundo en todo el mundo, ha revolucionado la forma en la que nos comunicamos y relacionamos, cómo vivimos, cómo exigimos a nuestros políticos, cómo denunciamos.

Y resulta paradójico que ese instrumento de libertad, en el sentido más amplio, pueda ser también, en algunos casos, un instrumento de opresión, de violación de los derechos humanos, de muerte, de esclavismo, señala Muy Interesante.

Muchos de los dispositivos electrónicos que compramos, y tanto usamos, se han relacionado con la financiación de conflictos armados en todo el planeta, como los de la República Democrática del Congo (RDC), la República Centroafricana o Ruanda.

Estos países son muy ricos en algunos minerales y metales como el oro, el tungsteno, el tantalio y el estaño, imprescindibles para que nuestro smartphone, tableta o cualquier dispositivo electrónico se encienda, recargue la batería, vibre.

Minerales de sangre

Aunque no son el motivo por el que estos grupos armados luchan, les permiten obtener dinero con el que comprar armas, pagar a sus soldados, atraer a más miembros y así alargar la contienda.

Para conseguir esos minerales también llamados de sangre, violan, matan, amenazan, roban, secuestran y fuerzan a personas a trabajar en condiciones inhumanas, como ha documentado tanto Global Witness como la ONU.

A pesar de que resulta difícil calcular una cifra, solo en 2013, según un informe de Enough Project, organización internacional sin ánimo de lucro, los grupos rebeldes congoleños generaron casi 1.000 millones de dólares (unos 897 millones de euros) a partir de minerales extraídos ilícitamente.


El conflicto armado en la RDC lleva en marcha desde 1996 y ha causado más de 2,6 millones de desplazados y la muerte a más de cinco millones de personas. Es, de hecho, la contienda que ha provocado más bajas desde la II Guerra Mundial.

Niños en la mina


Bandi Mbubi es uno de los muchos congoleños que pudieron huir de su país para salvar la vida.

Consiguió asilo político en el Reino Unido, donde reside, y fundó Congo Calling, una entidad sin ánimo de lucro desde la que intenta denunciar, concienciar y poner en la agenda política la situación de su país.

Este activista relata que grupos armados, así como facciones corruptas del ejército, controlan todas las fases en la obtención de minerales.

“Hay niños hasta de ocho años allí abajo. Los fuerzan a entrar porque los agujeros son pequeños y estrechos. Se pasan días bajo tierra rascando minerales. No van a la escuela y las condiciones para su salud son nefastas”, denuncia.

Los minerales suelen salir del país a través de comercio ilegal, generalmente por la frontera con Ruanda, donde el tantalio se hace pasar por ruandés.

Las materias que se extraen de estas minas son imprescindibles para fabricar las tecnologías de la comunicación.

El principal es tal vez el coltán, que no es un mineral en sí mismo, sino la forma de denominar el tantalio y la columbita, ambos con muchas aplicaciones industriales; sobre todo el primero, que se utiliza para fabricar condensadores, encargados de almacenar la energía en móviles, consolas o portátiles.



Primeras iniciativas legales

De poco sirven, sin embargo, todas esas regulaciones y recomendaciones si los principales compradores no toman medidas.

En este sentido, en 2010 el Gobierno de los Estados Unidos dio un gran primer paso. Aprobó una ley, conocida como Dodd–Frank, por la que las empresas de este país han de determinar si sus productos contienen uno o más de los cuatro minerales principales de conflicto –estaño, tantalio, tungsteno y oro– y si estos han sido extraídos de la RDC o de alguno de sus nueve países vecinos.

Por primera vez, una legislación occidental trataba de romper los lazos entre el negocio de minerales del Congo y la financiación de los grupos armados.

Y el 22 de mayo de 2015, el Parlamento Europeo votó una ley con una voluntad similar.

La propuesta aprobada pretende obligar a las empresas, tanto fabricantes como suministradoras de materiales electrónicos, a controlar los procesos de extracción y compra de los minerales.

Esta reglamentación obligará a auditar a 880.000 empresas de la Unión Europea que suministran material electrónico.

El problema principal es la cadena de proveedores que lleva este mineral desde que se extrae de la mina hasta que llega al consumidor, que es sumamente compleja y ramificada.

No es que sea muy distinto de otros sectores, como el textil, el alimentario o el financiero, pero sí es sumamente opaca.


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