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Cuando estamos juntos, mujer mía, no sé si tú eres tú y yo soy yo, o si tú eres yo y yo soy tú.

Las caricias que me haces son como si yo te las hiciera. Las caricias que te hago son como si me las hicieras tú. Cuando te tomo parece que me estás tomando. Cuando me tomas parece que te estoy tomando yo.

En el momento en que nos encontramos somos dos. En el momento en que nos despedimos somos uno solo.

Eres tan mía que te vuelves yo, y soy tan tuyo que me convierto en ti.

Sólo la mano de la muerte podría separarnos, pues fue la mano de la vida la que nos unió.

Ven otra vez conmigo, amada, e iré otra vez a mí. Habla para que me oiga, y hablaré yo para que te oigas tú.

Dame tu mano. Sentiré que es la mía. Te daré mi mano y sentirás que es la tuya.

Y cuando los dos nos vayamos de este mundo será uno solo el que al otro llegará.

¡Hasta mañana!

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