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Las misiones de diciembre

Hoy les voy a contar sobre una experiencia que acabo de vivir, misionando durante tres días. Fuimos como parte de las actividades del colegio Irlandés para el mes de diciembre, para convivir, jugar y evangelizar en Ures, Sonora.

El 1 de diciembre (viernes de consejo técnico en la SEC) a las 9:00 de la mañana, mis amigos de la escuela y yo tomamos un camión a San Rafael, a donde íbamos a misionar. El recorrido en camión duró aproximadamente una hora pero no nos aburrimos porque había mucho tema de conversación, como por ejemplo las actividades que íbamos a tener, las personas a conocer y los lugares a visitar.

Cuando llegamos a San Rafael, tuvimos que caminar mucho (… yo traía una maleta grande) hasta llegar a la iglesia donde nos íbamos a quedar a dormir, bueno, no era técnicamente dentro de la iglesia sino en un cuartito al lado. Nos acomodamos y directamente nos fuimos a saludar a los del pueblo y avisarles a los niños que íbamos a hacer un partido de basquet. Todos fueron muy amigables y vinieron a platicar.

Después llegamos a comer en una casa donde nos atendieron muy bien, la comida estaba muy buena, luego nos fuimos a las canchas del lugar y empezamos a jugar hasta que llegaron los niños del pueblo y ahí hicimos los equipos. No sé qué equipo ganó porque después de un rato nadie estaba contando las canastas porque sólo disfrutábamos del juego. Después ya solos hicimos una dinámica para reflexionar acerca de cómo nos llevamos con las personas que son importantes en nuestras vidas y si estamos preparados para despedirnos de ellos. Después nos fuimos a dormir y nos acostamos en nuestros sacos de dormir.

Al día siguiente, muy temprano, los niños ya nos estaban esperando y empezamos a platicar y a jugar, fuimos a un abarrotes que había allí y después nos fuimos casa por casa a avisarles a las personas que estábamos organizando un rosario para la tarde. Desayunamos en casa de uno de los habitantes y algo muy curioso es que casi todos los del pueblo son parientes.

También fuimos al Río Sonora y sorprendentemente si llevaba agua. Cuando regresamos, como a medio día, fuimos a comer y después nos quedamos jugando varias horas con los niños. Ya en la tarde ayudamos en la organización del rosario, para celebrarlo con el resto del pueblo.

El domingo fue el último día que nos quedamos y aunque jugamos un poco en la mañana, ya no hicimos mucho más, pero si nos alcanzó para despedirnos.

Cuando me subí al camión me quedé pensando cómo me había servido a mí esta experiencia, porque de verdad ayuda para valorar lo que tenemos en casa, ya que muchas veces nos acostumbramos a tener cosas materiales y pasamos por alto que para vivir no se necesita mucho.

Me doy cuenta que para ser feliz tampoco se necesita mucho. Supongo que cuando sea grande y tenga que trabajar muy probablemente cambie de parecer, pero por ahora me gustó vivir esta experiencia de una vida sencilla y compartir con mis compañeros y con la gente del pueblo de Ures, Sonora.

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