COLUMNAS
MIRADOR

No sé a cuál de los tres debo invitar a que venga a mi huerto de nogales: A Renoir, a Pissarro o a Van Gogh.

Y es que mi huerto está como para que lo pinten. El otoño ha puesto a los árboles una capa de oro, y todos los amarillos de Dios están en ellos.

Si mis invitados quieren pintar esa maravilla que Diosito ya pintó tendrán que apresurarse: Dentro de unos días el prodigio que ahora vemos no lo veremos ya. La belleza, lo mismo que la felicidad, es fugitiva. A poco los árboles quedarán sin hojas, y lo que hoy es maravilla se volverá tristeza. Caminaré por el huerto entre una procesión de oscuros cuerpos que alzan al cielo sus brazos esqueléticos.

Pero eso será después. Ahora es la hermosura. Gocemos de ella, porque después ya no estará. Gocemos de ella, porque después ya no estaremos. Tomemos el instante -es lo único que tenemos- y disfrutémoslo. Mañana será otro día. (Quizá).

¡Hasta mañana!

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