COLUMNAS
DE POLÍTICA Y COSAS PEORES
La elección del 2018

Wormilio, empleado de don Algón, se sintió mal en la oficina, y aunque eran apenas las 10:00 de la mañana decidió irse a su casa. Cuando llegó vio algo que lo dejó sin habla y sin otras cosas más. He aquí que su mujer se estaba refocilando con un hombre en cuya persona el coronado esposo reconoció a su jefe. “¡Qué bueno que llegas, Wormilio! -le dijo alegremente don Algón al infeliz cuclillo-. Precisamente le estaba diciendo a tu señora que en la empresa hay un ascenso disponible, con un aumento sustancial de sueldo, para el empleado que demuestre tener tolerancia para las fallas de los demás, comprensión para sus semejantes, y que sepa conservar la calma en los momentos críticos”. “Ojo de pato”. Así le dijo Nube Blanca, el gran jefe piel roja, al general Highrump cuando éste le propuso comprarle las tierras de su tribu pagándoselas a un centésimo de centavo el acre. Se volvió el general a su intérprete y le preguntó, intrigado: “¿Por qué me dice ‘Ojo de pato’?”. Explicó el traductor: “Es que el gran jefe no habla muy bien nuestro idioma, y a veces se le confunden las vocales. Lo que le quiere decir es: ‘Hijo de p.’”. Aquel joven soldado tenía ya dos años ausente de su casa. Lo llamó por teléfono su madre, y en el curso de la conversación le dijo: “Cuando regreses te va a gustar mucho Lilibelle, la hija de la vecina. Ha crecido 30 centímetros”. Replicó el muchacho: “Si ha crecido 30 centímetros entonces es mucho más alta que yo”. Aclaró la señora: “30 centímetros de busto”. Según todas las encuestas López Obrador será Presidente de México en 2018. Según todas las encuestas López Obrador iba a ser Presidente de México en 2006 y 2012. Muchos ven la llegada de AMLO a Los Pinos como un acontecimiento ineluctable, inexorable, irrevocable, inapelable, impepinable e inevitable. Pero en política no hay nada escrito. En ese juego letal todo es cambiante, su suelo es movedizo y resbaloso. Decir que el tabasqueño seguramente llegará a la Presidencia es tan riesgoso como afirmar que no llegará a ella. El dueño de Morena, es cierto, tiene a su favor la irritación de la ciudadanía contra el prigobierno, pero lo perjudican el temor y desconfianza que provocan sus hechos y sus dichos. Su pugna con Monreal, a más de significar una fisura en la estructura monolítica de su partido, sirvió para mostrar una vez más el carácter autoritario de López Obrador y su marcada tendencia a imponer sobre todo y sobre todos su omnímoda voluntad. Ese talante absolutista hará pensar a los pensantes. Eso sí: Los feligreses de AMLO seguirán ciegos a sus fallas y, como sucede con todos los seguidores de un caudillo, no advertirán jamás sus yerros ni reconocerán sus deficiencias. Si el voto de los electores fuera reflexivo sería muy difícil que López Obrador se alzara con el triunfo. Pero el voto de muchos será vindicativo, y eso lo favorecerá. Todo indica que la del 2018 no será una elección meditada: Será una elección desesperada. Y la desesperación es mala consejera. La mamá de Pepito le repasaba la lección de Geografía. “¿Cuál es la capital de Coahuila?”. El chiquillo no supo la respuesta. “Es Saltillo -le dijo la señora-. Y por no haberlo sabido no te daré sal hoy en la noche. ¿Cuál es la capital de Aguascalientes?”. Pepito no pudo contestar. “Es Aguascalientes. Y por no haberlo sabido no te daré agua hoy en la noche”. El padre de Pepito, ahí presente, le pidió a su esposa: “Pregúntame algo a mí”. “A ver -interrogó la señora-. ¿Cuál es la capital de Sinaloa?”. El señor vaciló. “La verdad, no lo sé”. Dijo entonces Pepito: “Mami: ¿Le das tú la mala noticia o se la doy yo?”. FIN.

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