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La herencia fétida de ex gobernadores de Sonora

Cada gobernante con la herencia del que se fue. El que llega a Palacio de Gobierno decide si la sigue administrando, la combate o se convierte en cómplice.

Opacos y autoritarios

Manlio Fabio Beltrones heredó la deuda del fraude electoral en 1991. Rodolfo Félix Valdés se robó la gubernatura en 1985. El colega Juan Carlos Zúñiga lo documentó en el 2002. Manlio ganó con gran margen de votos. Se sacudió la sombra de fraude. Empezó la transformación de Sonora en algunos sectores. Pero a mediados del sexenio los problemas iniciaron: Opacidad, estilo de mano dura en gobernar y administración de amigos, era el debate social. La despedida de su Gobierno fue el golpe de New York Times de acusarlo de proteger al crimen organizado.

Así heredó el Gobierno a Armando López Nogales: Con una mala imagen que no se la sacudió… la empeoró: Las acusaciones del alcoholismo del Gobernador lo persiguieron durante todo su sexenio así como la influencia de una mujer en el gabinete. Una especie de vice gobernadora que ejercía Cecilia Sánchez Luque. No le alcanzó la campaña de publicidad de que teníamos al Gobernador más deportista de México.

Así recibió el Gobierno Eduardo Bours. Bajo un desorden administrativo con el que batalló los primeros años. Pero logró limpiar la imagen de Gobierno corrupto que se heredaba sexenio tras sexenio en Sonora. Los problemas fueron otros: Autoritarismo y estilo gerencial para gobernar. Sus dos últimos años la enfermedad de poder se agudizó. La tragedia de la guardería ABC terminó con su Gobierno.

La oportunidad perdida

Llegamos al 2009. La alternancia tan anhelada por la mayoría de los sonorenses se cristalizó con Guillermo Padrés Elías. El primer gobernador del PAN. De la oposición. El agente de cambio. El que sacó al PRI del Palacio de Gobierno. A los corruptos y autoritarios. Pero la gran oportunidad para transformar la vida pública de Sonora se quedó en promesa de campaña que se convirtió en mentira para gobernar. Como una política pública.

Copió a Beltrones la mano dura: Perseguir y castigar a quien pensara diferente a él y su equipo. Imitó de López Nogales la opacidad en el gasto público y obras de Gobierno. Pero fue más allá: Armando López Nogales se le comprobó la compra del rancho “El Amole”, por 4 millones de pesos hace 15 años, unos 40 millones de pesos actuales, cantidad que Padrés la invirtió en el patio de la Hacienda de San Pedro, sin contar el rancho Pozo Nuevo, el tráfico de caballos, las empresas creadas para hacer negocios, el despilfarro del gasto público. Sin precedentes. Tomó de Bours lo que rechazaron los sonorenses: El autoritarismo. “No pago para que me peguen”, les dijo a dueños de medios de comunicación.

Padrés, su aportación

La inmoralidad, cuatismo y soberbia. Es la herencia a Claudia Pavlovich. Recuerda un cercano colaborador de Padrés que en una reunión de gabinete les reclamó que su Gobierno estaba siendo visto como el “Nueva Señora”, por el cambio de esposas de funcionarios y el escándalo de mujeres que movían. Pero no fue para indignarse o pedirles comportamiento probo. “Y no invitan, cabr...”, les dijo riéndose y todos le siguieron en coro con carcajada. La moral, los valores en familia, era lo que menos importaba.

Los cuates primero: Javier, Roberto, Agustín, Alejandro, Bernardo, Carlos… todo aquel cercano al padrecismo tenía pasaporte para robar, perseguir, desprestigiar, vetar, quebrar la ley. Lo que quisieran. Todo se valía y nada sucedía.

Soberbia para atacar problemas: El clásico “yo por qué”, de todo gobernante enfermo de poder. Así contestaba cuando se le pedía o exigía resolver problemas.

Esta mezcla amorfa entre priismo-padrecismo que hizo que Sonora fuera gobernada bajo un estilo arrebatado y corrupto, fue lo que heredó Claudia Pavlovich. Más el quebranto de miles de millones de pesos en las arcas públicas. Más la venta de niños de final de sexenio. Más el desorden presupuestal en las dependencias.

¿A poco porque un juez dice que es ilegal la Fiscalía Anticorrupción que los investiga a él y sus amigos ya se acabó la herencia fétida? No. La deuda es moral, social, política, financiera en todos los sectores de Sonora. Que David Galván y Damián Zepeda no lo quieran ver, es otra cosa. Por eso nadie le cree al partido. Y no se quita en un año y medio de nuevo Gobierno.

Claudia Pavlovich, ¿qué imagen dejará?

Claudia decidió romper el legado cómplice. Tiene reconocimiento histórico nacional. Pero, ¿Cómo quieren ser recordados en Palacio de Gobierno? Están muy a tiempo en no dejar una herencia fétida.

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